domingo, 15 de marzo de 2015

Tema 17. Evolución, distribución y dinámica natural de la población española. (Prácticas)


Autor: Eduardo Sánchez


Características y causas de la distribución de la población en España.
a) Características de la distribución
La distribución de la población española presenta fuertes desequilibrios espaciales entre áreas de concentración, que superan claramente la media nacional y áreas de despoblamiento, donde no se alcanzan los 25 hab/km2. Así, la distribución de la población española presenta los siguientes rasgos.
Las áreas de alta densidad son Madrid, la periferia peninsular, Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla.
Las áreas de baja densidad, se sitúan en el interior peninsular, correspondiendo las cifras más bajas a algunas áreas de montaña (<10 hab/
km2).
b) Causas de la distribución de la población
Las causas que explican estas desigualdades en el reparto de la población son naturales e históricas.
Los factores naturales, especialmente el relieve y el clima, han tenido importancia en la distribución de los efectivos demográficos, sobre todo en épocas pasadas. La población prefiere los lugares de relieve llano y baja altitud, los climas templados y húmedos, y los lugares con acceso al mar o a ríos. Ello explica que las máximas densidades se localicen en la costa, los valles fluviales y las llanuras.
Los factores históricos influyen también, pues la distribución de la población ha variado a lo largo de la historia, en relación con los cambios habidos en la estructura socioeconómica (procesos de industrialización y terciarización), en el proceso de urbanización, en el desarrollo de las infraestructuras de transporte y comunicación (que inciden en la movilidad y la accesibilidad) y en la organización político-administrativa del territorio (divisiones provinciales y autonómicas).
c) Causas de la distribución actual
Los factores que explican la distribución actual de la población son el resultado de los cambios socioeconómicos ocurridos en la época industrial y postindustrial.
En la época industrial, entre mediados del siglo XIX y la crisis de 1975, los factores físicos perdieron importancia, en favor de los factores humanos, como el inicio y auge de la industrialización, el desarrollo urbano y del sistema de transportes, y los cambios en la organización político administrativa del territorio.
Entre mediados del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX comenzaron el proceso de industrialización y la crisis de la agricultura tradicional, motivada por el inicio de la mecanización y por la revolución de los transportes. Esta permitió la rápida llegada de alimentos a mercados lejanos, favoreciendo el paso de una agricultura tradicional de policultivo orientada al mercado local, a una nueva agricultura especializada que destinaba su producción a mercados cada vez más lejanos. Por otra parte, la nueva división provincial del territorio, realizada en 1833, favoreció el desarrollo de las ciudades elegidas como capitales provinciales, que concentraron las tareas administrativas, los nuevos sistemas de transporte y los servicios. Estas transformaciones repercutieron en la distribución de la población:
  • Aumentaron su peso Madrid (por su papel como capital y centro financiero del estado, que estimuló su desarrollo industrial) y las regiones periféricas, en unos casos por su alto crecimiento natural (Galicia, Andalucía y Murcia), y en otros por la instalación de industrias que atrajeron población (Asturias, País Vasco y Cataluña). En cambio, las regiones del interior continuaron perdiendo efectivos demográficos.
  • La concentración de la población en las ciudades se incrementó, especialmente en las que recibieron implantaciones industriales o fueron elegidas como capital provincial. Todas estas recibieron inmigrantes procedentes del campo, que inició así un proceso de despoblamiento.

En el período comprendido entre 1960 y 1975, superada la recesión que supuso la Guerra Civil y la posguerra, se alcanzaron los mayores desequilibrios en la distribución de la población. Los factores principales fueron el auge industrial y el desarrollo del turismo y de los transportes.
· Crecieron las regiones industriales anteriores, a las que se sumaron el valle del Ebro, y las áreas turísticas mediterráneas e insulares, gracias a las migraciones procedentes del interior.
· Las grandes metrópolis concentraron casi en su totalidad el desarrollo económico y experimentaron un enorme crecimiento a costa de las migraciones procedentes del espacio rural. En este, muchos ámbitos con condiciones físicas desfavorables quedaron débilmente poblados y desconectados de la red de transporte y comunicaciones, impidiéndoles alcanzar el umbral de demanda y accesibilidad necesarios para la implantación de actividades económicas dinamizadoras.
En la época postindustrial, a partir de la crisis de 1975 tienden a mitigarse los contrastes en la distribución de la población. Las causas que lo posibilitan son las repercusiones de la crisis y los nuevos factores de desarrollo surgidos a partir de esta.
  • La desindustrialización y el paro motivados por la crisis hicieron perder su capacidad de atracción a las áreas industrializadas, especialmente a las más duramente afectadas por ella de la cornisa cantábrica (Asturias, Bizkaia, Guipuzkoa), que crecieron por debajo de la media o ligeramente por encima, mientras que las zonas tradicionalmente emigratorias del interior disminuyeron las salidas o, incluso, recibieron inmigrantes retornados. En cambio, los nuevos factores actuales de desarrollo, como la primacía de los servicios, la difusión espacial de la industria y la agricultura tecnificada, apuntan a la consolidación demográfica de Madrid, del eje mediterráneo y del valle del Ebro.
  • Por otra parte, la concentración demográfica en las grandes ciudades se ha visto frenada en favor de las ciudades medias y pequeñas, e incluso de algunos espacios rurales. Las causas de este hecho son de diverso tipo:
o   La saturación de las grandes urbes y la tendencia a desconcentrar la residencia y la actividad económica hacia espacios más baratos y menos congestionados. Este hecho favorece especialmente a los núcleos de población situados en una posición más ventajosa en los principales ejes de transporte y comunicación.
o   La implantación y consolidación del estado de las autonomías y la nueva orientación de las políticas de desarrollo territorial que tratan de mitigar los desequilibrios espaciales fomentando el desarrollo endógeno han jugado a favor de esta tendencia equilibradora. Este hecho se está viendo favorecido por las nuevas tecnologías de la comunicación, que posibilitan la difusión espacial de la actividad económica y la accesibilidad, independientemente de la localización geográfica. Gracias a ello pueden modificarse positivamente las condiciones de aislamiento de algunas zonas rurales, rompiéndose uno de los elementos principales de su despoblación.

Realiza un análisis de  la evolución de la población española


El gráfico muestra la evolución de la natalidad y la mortalidad en España entre 1858 y 2007, como queda reflejado en el eje inferior; es un gráfico lineal, con una colación diferente para cada una de las líneas, que representan la evolución de la natalidad y de la mortalidad; los datos del eje de la izquierda son las respectivas tasas de natalidad y mortalidad, evidentemente que dadas en tantos por mil. En él pueden diferenciarse tres etapas correspondientes con el régimen demográfico antiguo, la transición demográfica y el régimen demográfico moderno.

1.- El régimen demográfico antiguo corresponde en el gráfico al periodo entre 1858 y 1900.

1.1. La natalidad presentaba valores elevados debido a dos causas principales. El predominio de una economía y una sociedad rurales, en las que los hijos empezaban a trabajar pronto ayudando en las labores del campo; eran muy ba­ratos de mantener; y aseguraban el porvenir de los padres, dado que no existían seguros de accidentes, enfermedad o jubilación. Y la inexistencia de sistemas eficaces para controlar los nacimientos. La única posibilidad era retrasar la edad del matrimonio en las coyunturas económicas de crisis, con el consiguiente acortamiento del período fértil de la mujer y el descenso del número de hijos.
1.2. La mortalidad general era alta y oscilante. Sus causas eran el bajo nivel de vida y las precarias condiciones médicas y sanitarias. La dieta alimenticia era es­casa, por la baja productividad agraria, y desequilibrada, por falta de proteínas: el pan era el alimento básico y escaseaban la carne, la leche y los huevos. Como con­secuencia, la mayoría de la población estaba malnutrida y debilitada. Las enferme­dades infecciosas transmitidas a través del aire (tuberculosis, bronquitis, pulmonía, gripe) o del agua y los alimentos (diarreas) tenían alta incidencia. Esta se veía favo­recida por el atraso de la medicina, el desconocimiento de las vías de transmisión de las enfermedades y la falta de higiene privada y pública (tardío establecimiento de servicios de agua potable, alcantarillado y recogida de basuras). A la elevada mortalidad general se sumaban momentos de mortalidad catastrófica causada por epidemias, guerras y malas cosechas de cereales, que provocaban la subida del precio del grano y el hambre y la muerte de quienes no podían pagarlo.
1.3. Como consecuencia de las altas tasas de natalidad y de mortalidad, el cre­cimiento natural era bajo y presentaba oscilaciones debidas a las crisis de so­bremortalidad.

2.- La transición demográfica tuvo lugar entre 1900 y 1975.

2.1. La natalidad descendió de forma suave y discontinua, alternando períodos de mayor decrecimiento con otros de recuperación, en relación con los aconteci­mientos históricos. En la década de 1920 la natalidad se recuperó del descenso iniciado a principios de siglo gracias a la prosperidad económica. Entre 1930 y 1956 se reanudó el descenso. Las causas fueron la crisis económica de 1929 y la inestabilidad política de la Segunda República (1931-1936); la Guerra Civil (1936­1939), que ocasionó subnatalidad, y la situación de la posguerra (1940-55), que causó el exilio de miles de personas y graves dificultades económicas derivadas de la política autárquica y del bloqueo internacional. Todo ello impidió la recuperación de los nacimientos que suele seguir a las guerras (excepto los años 1940-1941). La política pronatalista de Franco, que instituyó premios de natalidad y prohibió los anticonceptivos, no pudo compensar esta tendencia. Entre 1956-1965, tuvo lu­gar una recuperación de la natalidad que algunos autores interpretan como el baby boom posbélico retrasado. Se debió al desarrollo económico que siguió al final del bloqueo internacional y de la autarquía. Y, entre 1965 y 1975 (últimos años del de­sarrollismo), disminuyó de nuevo el tamaño familiar. La causa fue la consolidación de un modo de vida industrial y urbano, con graves problemas de vivienda, que redujo el valor económico de los hijos.
2.2. La mortalidad general descendió de forma acusada y continua durante la transición demográfica, excepto en dos únicos momentos de mortalidad catastró­fica: la gripe de 1918 y la Guerra Civil. Las causas fueron el incremento del nivel de vida y los avances médicos y sanitarios, que redujeron los anteriores riesgos de muerte. El incremento del nivel de vida se manifestó en la mejora de la dieta, que durante la década de 1960 superó la malnutrición y la escasez de la posguerra; y en el crecimiento del nivel educativo y cultural, que permitió intensificar la prevención y abandonar costumbres tradicionales nocivas para la salud. Los avances médicos más destacados fueron las vacunas y la comercialización de los antibióticos, que eliminaron la mortalidad catastrófica por epidemias a partir de la de gripe de 1918 y redujeron la incidencia de las enfermedades infecciosas. También tuvieron efectos positivos la generalización de los nacimientos en clínicas, que disminuyó la mortalidad materna, y la extensión de la sanidad pública (seguridad social). Los avances sanitarios consistieron en la mejora de la higiene privada y pública (servicios urba­nos de agua potable, alcantarillado y recogida de basuras).
2.3. Como consecuencia, el crecimiento natural de la transición fue alto, especialmente entre 1920-1965, cuando la mortalidad descendió fuertemente, mientras la natalidad pasaba por dos máximos separados por la Guerra Civil. Desde 1965 el crecimiento se recortó, al estabilizarse la mortalidad en cifras bajas y restablecerse el descenso de la natalidad.
3. El régimen demográfico actual se extiende desde 1975.

3.1. La natalidad descendió a partir de 1975 hasta situarse en cifras bajas. En esta situación se distinguen dos momentos.
a) Entre 1975 y 1998 tuvo lugar un brusco descenso de los nacimientos. Así, en 1981, el índice sintético de fecundidad alcanzó la cifra de 2,1 hijos por mu­jer –el límite que permite reemplazar a la población– y continuó decreciendo hasta alcanzar su valor mínimo en 1998 (1,24 hijos por mujer). Las causas han sido los cambios económicos y socio-culturales sucedidos en estos años. La situación económica ha retrasado la edad del matrimonio, con el consiguiente acortamiento del período fértil de la mujer. Primero, como resultado de la cri­sis de 1975; y desde 1980 por la precariedad laboral y el alto precio de compra y alquiler de vivienda, que dificulta la emancipación de los jóvenes y prolonga su formación y permanencia con los padres. La sociedad española ha experi­mentado cambios de mentalidad y de valores desde la transición a la democra­cia (1975) que han colaborado al descenso de la natalidad. Ha disminuido la influencia religiosa, se han despenalizado y difundido los anticonceptivos y se ha legalizado el aborto en ciertos supuestos. Las mujeres se han incorporado de forma creciente al trabajo fuera del hogar y retrasan la maternidad hasta conso­lidar su situación laboral, de modo que la mayoría de los nacimientos se produ­cen en el grupo de los 30-34 años; y muchas tienen dificultades para conciliar la vida familiar y laboral, ante la escasez de guarderías a precios asequibles y el mantenimiento de comportamientos sexistas en el reparto de tareas domésticas y en el cuidado de los hijos. Estos ya no se consideran como seguro vejez de los padres, ante el progreso de la protección social, sino que se aprecie su formación y bienestar, por lo que se prefiere tener menos y atenderlos mejor Además, los gastos que ocasionan y la dedicación que requieren compiten con el deseo de los padres de disponer de más ingresos para el consumo y de más tiempo libre para el ocio. Por otra parte, han ganado importancia las relaciones de pareja sobre las reproductoras y de cuidado de los hijos, y han surgido formas familiares distintas del matrimonio y menos prolíficas (cohabitación hogares monoparentales de divorciados, maternidad en solitario, etc.).
b) Desde 1998 hasta 2005, la natalidad ha experimentado una ligera recuperación debida a la inmigración, ya que la población española mantiene st comportamiento restrictivo de la natalidad. La inmigración colabora al aumen­to de la natalidad sobre todo por el incremento de mujeres en edad fértil, dado que su fecundidad, inicialmente más alta, tiende a acercarse a la española.
3.2. La mortalidad general se mantiene en cifras bajas, aunque la tasa as­ciende ligeramente desde 1982 debido al envejecimiento de la población. Por tanto, se trata de un aumento «aparente» causado por el incremento del número de ancianos, puesto que la mortalidad real continúa descendiendo, como lo demuestra el aumento de la esperanza de vida. Las causas de la mortalidad ge­neral han cambiado. Disminuye la importancia de las enfermedades infecciosas y aumentan las llamadas tres “C”: enfermedades cardiovasculares, cáncer y accidentes de carretera. Además, están creciendo las enfermedades ligadas al envejecimiento, como el alzheimer (o demencia senil) y las llamadas “enfer­medades sociales”, relacionadas con ciertos estilos de vida y hábitos sociales, como el alcoholismo, el tabaquismo y la drogadicción.
3.3. Como consecuencia, el crecimiento natural en el régimen demográfico ac­tual descendió hasta 1998, debido a las bajas tasas de natalidad y de mortalidad. Desde entonces crece levemente, debido a la ligera recuperación de la natalidad.
Esta situación ocasiona un fuerte envejecimiento demográfico, que tiene como repercusiones principales la desaceleración económica y la elevación del gasto en pensiones, sanidad y atenciones sociales a las personas ancianas.
   La desaceleración económica se debe a que el envejecimiento reduce la pobla­ción activa y la capacidad de innovación.
– La elevación del gasto en pensiones procede de su financiación y depende de las cotizaciones de los trabajadores en activo en cada momento. Por tanto, la reduc­ción de los activos y el aumento de pensionistas elevan el coste de las pensiones.
El incremento del gasto sanitario deriva de que los ancianos consumen más medicamentos, visitas médicas y estancias hospitalarias.
Los cuidados y atenciones a la población anciana elevan las cargas familiares la demanda de residencias públicas y privadas, que actualmente son insuficien­tes, y la necesidad de planear para ellos actividades que les permitan distraerse y sentirse útiles.

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